Un poco de historia

Después de perder el miedo perpetuo a los perros, conocerlos de cerca, una pérdida que me rompió el corazón, el capricho de tener uno y su búsqueda insaciable encontré a mi primer y único perro totalmente propio.

Antes de mis 19 años no sabía lo que era convivir con un animalito las 24 horas del día, cuando era niña les tenía pavor y del real. Sí iba caminando por una acera y veía un perro, así fuera tras rejas, sin dudarlo ni un minuto me cambiaba de calle, los perros me daban pánico. Alguna vez, dos Lassie, enormes para una niña de 1,10 mt, se me abalanzaron a jugar, todo empeoró, perros y yo no conectábamos.

Mientras tanto, hacía un año una de mis abuelitas se había marchado para siempre, la tristeza no me dejaba en paz, lo estaba superando, la mayoría de mis mejores amigas tenían perros y especialmente uno de ellos me había hecho perder cualquier miedo que pudiera tenerles, así que tal vez coincidencialmente, aluciné con la idea de tener un perro, como buena hija única, no desistiría hasta que lo tuviera.

Por esa época, tenía un admirador para nada secreto, que no despertaba en mí ni el más mínimo deseo, el sí estaba dispuesto a todo por mí, a beneficio de la situación, una amiga mía le debía dinero, cuando ella le pagó, él afectuosamente me regaló  $150.000 (USD 50) y así podría comprar las cosas para mi perro. Lo peor de todo, es que jamás hubo una relación con ésta persona y gracias a el tengo el mejor “regalo” de la vida. Créanme, juventud que llaman…

Con el dinero en mano, empezó el trabajo, convencer a mi papá fue de lejos el peor de los sucesos, el no quería, inventamos (mi mamá siempre es cómplice) que mi mejor amiga del colegio, amiga favorita de mi papá, me regalaría un cachorro de su perrita, el dijo que se lo mostrara y él aprobaba o no.

Busqué en páginas de adopciones, fundaciones, todas las redes posibles, un cachorro  preferiblemente peludito.  Encontré dos alternativas adecuadas para nuestro apartamento de muñecos: una perrita cruce de beagle con sharpei, no tengo como describir lo tierna y dulce que era, color terracota, gordita, arrugada, era hermosa y me encantaba, pero mi papá había condicionado la decisión a macho; la otra opción, un cruce de schnauzer, amarillo con gris, hermoso, se lo mostré diciéndole que era él, y dijo que sí.  No podía de la felicidad, para adoptarlo sólo tenía que donar un bulto de concentrado para los otros perritos de la rescatista, nos programamos para ir al día siguiente.

 

La alegría duró poco, a la mañana siguiente, las noticias fueron devastantes, mi papá había cambiado de parecer, un listado de razones para negarse, enojadísima lloré durante casi dos horas seguidas y decidí que no iba a hablar en todo el día jamás había estado tan emocionada, esperanzada, entusiasmada con algo y me lo quitaban #Lareinadeldrama. No supe qué pasó esa noche pero mi mamá intercedió y ¿adivinen qué? pues sí, ¡había perro!

Llamé al lugar de adopción y nuevamente las cosas fueron mal, ya estaba adoptado. Y ahora, ¿qué íbamos a hacer? ¿De dónde íbamos a sacar nuestro perro? Necesitábamos un perro con las mismas características que le había mostrado. Consecuencias de mentir.

Busqué desesperadamente por internet ¡Otra vez!, encontrar un schnauzer o cruce en adopción, para esos días, fue labor imposible, no lo logré. Yo no quería comprar, ya tenía algún indicio de entender el daño que causa la comercialización indiscriminada de animales, tenía dos opciones, decir que ya no había perro, lo cual, después de todas las mentiras además de un show, no sería para nada sensato o comprarlo. No quería pagar mucho dinero por un cachorrito, porque no lo tenía y además sería ir en contra de unos ideales que apenas estaba forjando y no quería romper.

Así fue como encontré los dueños de esta historia, en Bogotá el 13 de Enero de 2012, hijo de Bigotones Colombianos, residentes en Villavicencio nacieron 8 hermanitos muy guapos, todos muy creídos, consentidos y provenientes de una familia bastante acomodada y amorosa. Su vida transcurría sin preocupaciones en un apartamento al Norte de la ciudad, sus papitos humanos temporales les buscaban hogar por un precio menor al comercial.

Fuimos con mi mami a verlos, mi mami se derretía por uno escandaloso, lloraba por todo, le decían osito, solo quería estar alzado jaja a mí no me gustó. No sabía cual elegir, es más, ¿cómo se elige un perro? Todos gorditos, sanos, juguetones, igual de bigotones, la misma mamá, el mismo papá, ¿Qué hace la diferencia? …De repente un panzoncito se le subió encima a una de sus hermanitas y me observó, desde entonces, esa mirada me tiene enamorada, no hay nada como esa conexión la que te hace saber que ése justamente ése es tu perro ideal y puedo decir con certeza que no me equivoqué, el llorón era hermoso, pero seguramente actualmente no es un viajero empedernido.

Lo que vino después fue relatarle a la Señora toda la historia, desde la mínima cantidad de dinero que tenía y explicarle que solo podría llevarlo a casa una semana después porque viajábamos y mi papá había dicho (Lo sé, otra vez) que le pidiera a mi amiga que lo tuviera una semana más hasta que regresáramos. Le pareció una historia tan cómica que no se opuso a nada, incluso nos dio una buena muestra de alimento y nos dejó algo de dinero para comprarlo,  nos presentó a su mamita y hermanitos. Vino otra decisión, el nombre, y yo como soy tan buena para tomar decisiones no lo logré de primerazo, así que irónicamente, y jamás lo sabrá, ella le decía Fabio, como mi papá, para identificarlo, por tanto lío.

Una semana después, el lunes 05 de Marzo de 2012, con mi mamá de cómplice otra vez, falté a clase de la universidad para recogerlo. Acordé con mi papá que si en 15 días el cachorro se hacía chichí o popo en la casa, hacía daños, o no se acoplaba, se iba.  Como cualquier bebé tuvo Incontinencias, hizo travesuras, yo salía disparada de la universidad a mi casa todos los días, le enseñamos a hacer chis y pos en una caja de cartón, y el día número 15, el jovencito decidió que el mejor lugar para evacuar era la habitación de mis papas.

Mi papá se limito a decirme que limpiara, ya se había ganado su corazón. No sé cómo pude acceder a semejante negociación, ni tengo idea qué habría pasado si realmente fallara.  Lo real es que emprendimos el camino que hasta hoy ha sido de felicidad, alegría, amor; mi papá, ahora es el abuelo más responsable, dedicado y amoroso, aunque no le gusta decirlo, adora a Gasper, pregunta primero por el que por mi jajaja.

Me habría encantado adoptarlo, las circunstancias fueron difíciles, no me enorgullezco más me siento agradecida. De otro modo, no sabría lo que es tener una colita feliz que me reciba todos los días, tampoco habría entendido la indiferencia humana, ni mucho menos me habría interesado unirme a la causa de mis mejores amigas por ayudar otros gorditos sin hogar, nunca habría podido sentir el amor tan bonito que nos profesan los animales y probablemente ya no estaría aquí, eso lo sabrás algún día.

Desde que Gasper llegó a la vida de mi familia,  nos cambió la vida, textualmente. Resultó el bebé mimado de la casa, desde entonces nos encanta que nos acompañe a todo, mi papa se lo lleva a trabajar, mi mamá se lo lleva misa, mi abuelita sufre por darle un bocado y yo decidí llevarlo de viaje.

Y como no, sí procedo de una familia viajera, inicialmente Gasper se quedaba con amigos muy cercanos mientras nosotros viajábamos. Aunque día a día era más incómoda la palabra NO, a ingresar con él a muchos lugares, pase por una etapa conflictiva y de negación en la que no concebía la discriminación hacia las familias con mascotas en el sector hotelero.

En mi camino estudiantil me encontré con personas con ideales parecidos, así que brotaron bastantes ideas y proyectos relacionados con romper este paradigma, finalmente fruto de una tesis académica  con mucha historia y más o menos 3 años dedicados, decidí hacer un proyecto involucrando perros y turismo, me había obsesionado con transformar Colombia en un destino #DogFriendly, al ser un tema académico recuerdo que me dijeron ¿te quieres graduar de tu profesión O te quieres quedar haciendo un proyecto para toda la vida?

En ese momento la respuesta fue certera, sólo quería graduarme, con la tesis en marcha y la mejor de las asesoras, descubrí cosas inimaginables, países enteramente amigables con las mascotas, pioneros viajeros con su perro, playas incluyentes, un contexto internacional maravilloso, Colombia años luz de retraso.  

Entendí finalmente que el tan odiado NO SE ADMITEN MASCOTAS, se origina en normas del sector,  dueños irresponsables y hasta el mismo abandono que por lo menos en nuestro país es tan usual. Paralelamente viví de cerca casos de maltrato y encontré personas luchadoras y comprometidas con los animales así que también quise que no solo mi perro (el que lo tiene todo en casa) sea feliz, sino también dar un trocito de buena vida a las huellitas que no lo han encontrado.  

Decidí que no le impondría viajar, sería él el que lo decidiera y no hablo de razones sobrenaturales o un raciocinio especial, simplemente deseaba que el también lo disfrutara, así que empecé a llevarlo a caminatas, investigamos lugares amigables con los perros, fue el protagonista de mi tesis, buscamos viajeros como nosotros, al viajar ya no se quedaba en casa, iba con nosotros. Estábamos sintonizados,  para el viajar es diversión, sabe cuando hacemos las maletas y el mismo se empaca, no tiene problemas con los viajes largos, disfruta de todos los climas, duerme donde sea, corre, observa, disfruta.

Ahora lo recuerdo y me convertí en profesional en hotelería y turismo con una tesis académica de viajes con perro en Bogotá región; actualmente no me importa dedicar mi vida a esto, nacimos para estar juntos, viajar y cambiar el mundo, eso es lo que somos y eso es lo que queremos.

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